Patria


Así sí. 

Así sí se escribe un libro sobre los terrorismos, nacionalismos, la manipulación y sus consecuencias. Sobre la política como herramienta de separación de las sociedades y sus consecuencias más íntimas.  

Sobre el riesgos de que las palabras se convierten en símbolos físicos,  transformando a las personas en lo que nunca hubieran sido sin una manipulación profunda. También sobre el miedo, ese miedo atroz que destruye todo lo que te rodea y que se expande como ondas en el agua llegando a todos los que se acercan. Y sobre sociedades divididas, aquellas que justifican lo injustificable, las que separan amistades, familias y pueblos por una palabra, "patria", que no significa nada si pierde su concepción más básica que la une a humanidad.

Y, por supuesto, de excluidos. De aquellos que se quedaron solos cuando deberían ser los que se proteja. Aquellos que, a día de hoy, siguen luchando por recuperar su derecho a ser incluidos. Aquellos que no sobran "al final, las victimas vamos a molestar" cuando, todo lo contrario, su inclusión y reconocimiento es vital para la normalización de una sociedad. 

El libro es "brutal", no soy capaz de definirlo con otro adjetivo. Te rasga el alma o, al menos, lo consiguió con la mía. Te enfrenta a tu verdad desde tantos matices que dudas, empatizas y, al final, comprendes. Comprendes el daño hecho, lo lejos que estamos todavía de terminar con esta sin razón, la necesidad imperante de pedir perdón como herramienta para pasar página en ambos lados, la destrucción de las familias, la pena y el dolor. Porque todo fue, y sigue siendo, dolor y destrucción.

El geranio en la terraza indicando que he vuelto, que esta es mi casa y mi pueblo y que ya no tengo miedo, no porque sea valiente, al contrario, es que ya no podéis quitarme nada más. Pero también el miedo a encontrar a los excluidos, a ver su dolor y su valentía, a enfrentarse a tus propios demonios que robó juventudes y felicidad. Y al abandono de la masa que protege y a la vulnerabilidad después de lo que se entiendía como un sacrificio por la "patria".


Porque el asesinato es el fin de la persona pero solo una parte de la destrucción social a las victimas. Que las victimas, no debemos olvidarlo, siguen siendo victimas hoy, sus familias y círculos cercano, y que necesitan que toda la sociedad les pida perdón. No sólo los que asesinaron o lo justificaron, también los que callaron y les dieron la espalda en el antes y en el después, dejándoles en el más absoluto abandonado y en la negación del derecho a ser personas. 

Y, para completar el círculo,  también te enfrenta al proceso de los verdugos y sus familias. Su propia destrucción. La lejanía de un hijo, que siempre será un hijo y siempre se justifica sus actos, pero también a la vergüenza familiar y las mentiras que ocultan la verdad pero destruyen el futuro. A la violencia recibida y el daño físico, a esas ideas grabadas a fuego en la mente, con palabras grandilocuentes, de personas que solo buscan poder y que solo lleva a acabar con una vida malgastada y con el alma corrompida con tanta violencia y destrucción. 

Y te enseña que existen distintas respuestas al dolor, todas individuales, todas personales, todas únicas y validas para intentar pasar página y poder continuar. Y cómo, por mucho esfuerzo que hagas, ninguna permite olvidar. Y la violencia y tu historia te persigue hasta lugares donde no lo esperas.

En definitiva, un libro necesario que espero marcará un antes y un después, que ayudará a entender una sociedad dividida y sus heridas tan profundas que algunas tardarán décadas en cicatrizar. Pero también un aviso de los resultados de dividir, trastocar y poner etiquetas, en permitir y fomentar la exclusión. Y del uso de la palabra "libertad" cuando la usamos para limitar la de una parte. En definitiva, de los nacionalismos.   

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