Si no puedes mejorarlo, cópialo.


España ante la encrucijada del futuro


Hay un principio en Marketing estratégico  que explica muchas evoluciones de las empresas. Si una empresa compite con otra que tiene más recursos para innovación o tiene un posicionamiento en el mercado tan fuerte que fija su funcionamiento, puedes intentar adelantarle o copiarle. Copiarle, aunque parezca un error, te permite utilizar su experiencia para usarla "gratis", aunque más tarde, en tus nuevos productos. Un ejemplo claro es los teléfonos móviles donde Apple y Samsung luchan en la innovación gastando cantidades ingentes de dinero. Mientras, el resto copian sus funcionalidades con cierto retraso pero con costes mucho menores. O en la distribución online, donde Amazon marca precios y modelos de servicio y los demás a intentar copiarle.

Es decir, si no tienes capacidades o recursos para el prueba-error, vete sobre seguro. Y como los Estados cada vez compiten más entre ellos, las teorías del marketing estratégico son absolutamente aplicables a la evolución de los países. 

Y en una tesitura similar nos encontramos en nuestra España. Parece que nuestros políticos, y la sociedad en general, no tiene capacidad para crear un escenario futuro para competir innovando o lo que es lo mismo, haciendo algo distinto a los demás y que asegure el bienestar futuro de las próximas 5 generaciones. Así que, por una vez en la historia, deberíamos mirar hacia fuera y "copiar" aquellos países de éxito y sin ningún tipo de vergüenza ni orgullo patrio intentar parecernos a ellos poniendo por encima del corto plazo el bien común. 

Claro, deberíamos olvidarnos de parte de nuestra historia, la mala, esa que ha impedido modernizar nuestra política, sociedad y economía. Esa que, quizás marcada en nuestro ADN, hace que pensemos más en el beneficio del vecino que en el nuestro. Esa de fueros, hechos diferenciales, idiosincrasias, orgullos y acuerdos medievales. Esa de bandos, olvidos, Españoles de primera y segunda, costumbres, conservadurismo, historia manipulada y acuerdos firmados en servilletas. Esa de, reconozcámoslo, preferir siempre nuestra élite (muy) extractiva, porque al menos son de aquí, a los nuevos vientos de modernidad que siempre llegan desde fuera. Esa de la derecha o izquierda, corrupciones asumidas, teorías políticas del siglo XIX, gestión de lo público como si fuera gratis y políticos mediocres que no han demostrado nada antes de llegar al poder. 

Es decir, dar un paso adelante, reconocer los errores del pasado, ser valientes con el concepto de futuro, tener un espíritu muy crítico y ponernos de acuerdo, al menos, esta vez. Y que el objetivo sea compartido y mantenido en el tiempo siempre buscando ese "bien común" que nos llena la boca pero, a las primeras de cambio, dejamos caer a un segundo plano.

Ahora bien, la pregunta es ¿cuál o cuáles? Suecia, Alemania, Francia, Estados Unidos, Italia, Reino Unido, China o India son lugares donde fijarse. Por el modelo de Estado de bienestar, productividad, peso del Estado, industrialización, valor generado, separación de poderes o innovación. De todos podemos aprender y copiar. Quizás "copiar" lo mejor de cada uno.

Hagámoslo, sin miedo, con valentía y constancia. Cambiemos lo que tengamos que cambiar, acordemos el marco de referencia, empecemos a liderar nuestro futuro hacia un país moderno, inclusivo, centralizado y democrático. No intentemos inventar la rueda cuando otros ya han constatado el camino. Usemos nuestro orgullo para competir y no para justificar que somos diferentes. Optemos por darle un futuro prometedor a nuestros hijos, o los hijos de nuestros vecinos, que se base en nuestras decisiones y no en el contexto histórico. Optemos por la internalización del país y no permitamos volver a los localismos, territoriales o patrios, donde siempre se ha creado el caldo de cultivo del retraso cultural, social y económico.

No es casualidad que la entrada de España en la Unión Europea coincida con el periodo de mayor desarrollo social y económico de la historia. Con sus errores, muchos, nadie puede negar que la modernización ha sido enorme en los últimos 20 años. Los aires de cambio, las directivas europeas y su apoyo económico ha sido fundamental para eliminar parte del retraso que acumulábamos en el siglo XX. Quizás demasiado rápido o abrupto para ser tan consolidable. Como la historia nos ayuda a comprender, la modernización viene de fuera, ya sea de la Ilustración, revolución industrial, democracia o globalización. 

Y ahora, ante los primeros baches profundos, la historia se repite. Empezamos a mirarnos al ombligo, a justificar culpando a "lo de fuera", salen a la luz discusiones no totalmente cerradas a estacazos en la Edad Media o nos fijamos en conceptos ideológicos de finales del siglo XIX como soluciones a problemas de las sociedades actuales totalmente globales. Y mientras, otros paises miran al futuro sin miedo, evolucionan, forman sus generaciones para las futuras necesidades y nosotros, poco a poco, nos volvemos a quedar rezagados, tranquilos con nuestras ideosincrasia, banderas y costumbres pero rezagados al fin al cabo. E impedimos que, otra vez, una destrucción creativa haga desaparecer esas élites extractivas, paso previo para la modernización definitiva, aquella que debe prepararnos para afrontar el futuro.

Copiemos, sin vergüenza, no pasa nada. Grandes éxitos han venido de copiar a los mejores. Pero copieamos a los mejores, eso sí, si queremos estar en esa liga, no nos conformemos con ser del montón.




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