La postverdad y sus motivaciones



¿Habéis oído hablar del concepto postverdad? Utilizado en el debate político habitualmente, suele ser usado para refutar argumentaciones de los líderes denominados populistas. Sin embargo, no debemos caer es subestimar su importancia ni su fuerza. 

La postverdad no es más que el uso, en el debate político, de las emociones como mensaje central y único escapando de la discusión racional. En este sentido, las emociones se convierten en sustituto de los hechos sin permitir una confrontación basada en la razón y los datos empíricos. Como ejemplo claro, en 2016 se utilizó para definir tanto la campaña de Trump como la del referéndum Brexit. Apelando a las emociones, desoyendo los hechos claros y contrastables, se consigue crear opiniones fuertes y con distintos niveles de irracionalidad. Podéis ver en el siguiente gráfico como cambió la percepción de la UE en el Reino Unido durante la campaña del Brexit. 



Pero más allá de su uso y su efectividad, la pregunta que nos debemos hacer es por qué calan tanto este tipo de mensajes ahora. En la actualidad vivimos en la era de la información y la educación. A golpe de click, podemos acceder a millones y millones de datos de información, contrastarlo, compararlos, sacar nuestra propias conclusiones y acceder a documentación de multitud de autores sobre cualquier tema que nos ayude a su interpretación y creación de opinión. Los niveles de formación nunca han sido tal altos en los paises desarrollados, no solo reglada, también en las relaciones multicultareles e internacionales. Y en este contexto de información ilimitada, aparecen los mensajes alejados de ella para volver a los sentimientos o emociones para crear opinión. La duda que surge es por qué alejarnos de la verdad cuando nunca ha estado tan cerca nuestra capacidad de descubrirla. Y aquí, sin pretender ser exhaustivo, encuentro varias causas que lo explica. 

Por un lado, el exceso de información es tan peligroso como no tenerla. Aun teniendo información, necesitamos acceder a ella, filtrarla, analizarla, sacar conclusiones y, con ella, crearse una opinión. Este camino está interiorizado en los jóvenes "digitales" pero los más mayores, por muchos motivos, no lo tienen como un proceso natural. Y la información actual es tan vasta que si no se filtra no tiene valor. También hay que considerar que nunca la realidad ha sido tan compleja debido a las múltiples interrelaciones. Tanto económicamente como socialmente, las variables claves no son evidentes y necesitan un racional complejo. 

Como segunda consideración, esta avalancha de información genera que difícilmente se pueda alcanzar una única verdad. La verdad varía en función de variables como geografía, ideología, tiempo o características intrínsecas de lo analizado. No existen soluciones únicas, es habitual llegar a las mismas metas por caminos distintos y todos son válidos. Esta convergencias de verdades hace que la discusión empírica pueda llevar a una reducción al absurdo donde no exista una única solución. Como explica Diego Rubio

"La verdad no compite en el mundo de hoy contra la mentira, sino contra la multiplicación posmoderna de verdades todas válidas" 

Pero tengo serias dudas de que exclusivamente con estas dos ideas se pueda explicar la fuerte recuperación de los conceptos emocionales en la vida pública. Y la "caja" o contexto que envuelve todo lo anterior podemos denominarla la "realidad líquida", termino acuñado por Zygmunt Bauman que es la contraposición de la "realidad sólida". Sin intentar ser exhaustivo, la época actual, que define Zygmunt como postmodernidad, se caracteriza por un cambio constante que impide que las personas se aferren a conceptos "sólidos" e inmutables en su vida diaria. Esta falta de pilares sólidos que nos pueda servir de referencia en entornos de crisis, momento en el que son más necesarios, hace que los sustituyamos con el uso de la historia o con unos sentimientos comunes, sustituyendo esos pilares que necesitamos como referencia desde la razón a los sentimientos. 

Es decir, la uso de la postverdad es el resultado del momento que vivimos y nuestra adaptación al entorno. Aún siendo un término aplicado en política, el marketing lo lleva usando varias décadas centrando las campañas publicitarias en sensaciones y no en objetividades. Este uso ha conseguido que seamos más receptivos a los mensajes políticos similares, sin que echemos en falta los razonamientos puramente racionales. 

Caminamos en una realidad que cambia constantemente, donde existen múltiples verdades y con un exceso de información que es difícil de digerir. Y nuestra respuesta es apoyarnos en la "postverdad".

No hay comentarios

Si quieres coger algo del Blog, puedes hacerlo si citas el propio blog. Con la tecnología de Blogger.