El éxito personal y la suerte. No todo es esfuerzo.


El modelo económico liberal se basa en varios axiomas tanto económicos, sociales e individuales. Ya hablé en esta entrada sobre "el enfrentamiento entre las matemáticas y el pensamiento liberal" que puedes leer aquí. 

Pero hoy hablaré del criterio individual, es decir, el incentivo individual a mejorar como motor de la economía. Es fácil afirmar que, ante igualdad de oportunidades, el esfuerzo y las habilidades personales son las variables que explican, en un alto porcentaje de los casos, la retribución económica y social de cada persona. Con ello se explica que las acciones individuales tienen recompensas e incentivan a la mejora. Ahora bien, siempre bajo una premisa que he fijado al principio, "ante igualdad de oportunidades".

Porque entre una persona "pobre" y una "rica", la mayoría de las veces, existe algo más que una diferencia del esfuerzo individual. Y esa diferencia es lo que denomino "suerte". 

La suerte, o la falta de ella, implica una desventaja que no puede ser salvada solamente con el esfuerzo individual, más, es necesario un esfuerzo colectivo para poder eliminar esa desventaja. Y a este esfuerzo se le denomina "Estado del Bienestar", es decir, la capacidad de las sociedades y los Estados para capturar recursos económicos (impuestos) y personales (ONG) y repartirlos de tal manera que permita una igualdad de oportunidades independiente del punto de partida de cada persona.

Y por "suerte" me refiero al lugar de nacimiento, barrio, familia y momento. No es lo mismo nacer en una familia acomodada con padres universitarios que en una familia desestructurada. Y, para igualar esas diferencias, los Estados y/o ONG's crean acciones que, sin conseguir igualar las oportunidades, al menos, consigue dar opciones especialmente a los que parten de situaciones más complicadas.

Es evidente que si no se intenta igualar las oportunidades, se genera un modelo de éxito individual pero de desigualdades sociales que no pueden ser reducidas. Realmente se mantienen "clases" donde es muy complejo salir. 

En contraposición a este modelo liberal, tenemos el comunismo, que elimina el esfuerzo individual como incentivo y es el Estado el que planifica las necesidades desde un punto de vista global. Este modelo crea una desigualdad distinta, pero igual de real, que es aquella que se genera cuando el esfuerzo no se premia y, seas mejor o peor, las consecuencias son idénticas.  Este sistema consigue destruir la innovación individual, aunque no la colectiva dirigida, perdiendo a medio/largo plazo la competitividad. Quizás pueda entenderse como más justo el hecho que todos seamos iguales, sin embargo, se ha demostrado allí donde se ha aplicado que, a la larga, Maslow algo tenía de razón cuando nos explicaba como evolucionaban las motivaciones de los individuos.

La "suerte", definida así, es un parámetro de nuestra vida y  de las sociedades con el que se debe contar.


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